[Escritos] Querida abuela.




Querida abuela.


Te escribo esta carta porque no encuentro otra forma de abrazarte desde aquí, desde el exilio.

Hoy quiero celebrarte todas esas arrugas que llevas con honor, todos esos consejos sabios que tiendes a darme y todos esos abrazos, que al igual que tus sopas, me reconstruyen el alma.

Te celebro hoy, día de San Valentín, día donde con o sin pareja mi plan siempre fue ir a tu casa. Para festejar contigo un año más de picardía, de chistes que solo tú y yo entendemos, de cuentos sentados en el taburete de la cocina, de películas en el sillón, de abrazos repentinos y de charlas interminables.

Desde hace unos meses entendí que lo que no decimos o escribimos, en mi caso, se nos queda añejado en el corazón y luego nos pesa. Debemos aprovechar que tenemos “vida y salud”, como dices tú, para decir lo que sentimos.

¿Sabes qué siento por ti? Orgullo. Me siento inmensamente orgulloso de ser tu nieto, de llevar tu apellido, tanto que lo uso más que el otro. Siento que al pronunciarlo o escribirlo, te llevo conmigo a cada rinconcito de esta enorme galaxia.

Que más quisiera yo que tenerte siempre conmigo. En los días buenos, en los días malos. Sin embargo, cargo tu foto en mi bolsillo, aquella que me regalaste en el aeropuerto, aquella que guarda como leyenda: 'Te amo, regresa pronto'.

Sé que muy pronto, tengo la certeza, nos podremos abrazar, nos tomaremos una sopa calentita juntos y seré yo quien te eche cuentos de todas las aventuras que me han tocado vivir y todos los planetas que he logrado visitar.

Ojalá me alcance la vida, vieja mía, para celebrarte.






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