[RENACER] CAP√ćTULO V: PRUEBA DE FE.

by - domingo, abril 18, 2021




Al abrir los ojos los párpados me pesaban, estaba mareado, había vuelto al hospital que no era hospital. Intentaba gritar, pero nadie me escuchaba. Intentaba levantarme, pero no tenía fuerzas. Intentaba pedir ayuda, pero no había nadie. No había ni una sola alma, ni viva, ni en pena. Estaba en un cuarto frío, en una cama fría. Rápidamente me percaté que estaba en la morgue, estaba muerto, me habían dejado morir.


Me despert√© del susto, mirando a los lados, ya no estaba en el hospital que no era hospital. Ya no estaba en el Gregorio Mara√Īon. Estaba en el Hotel Ayre Col√≥n, un lugar que hab√≠a habilitado la Comunidad de Madrid para atender a las personas que ya se encontraban mejor, pero no pod√≠an volver a casa. Todav√≠a estaba positivo, hasta que mi resultado no diese negativo no podr√≠a dormir en mi cama.



Y te preguntar√°s, ¿C√≥mo llegu√© al hotel?




Con la poca fuerza que ten√≠a comenc√© a empacar todas mis cosas para irme, no sab√≠a m√°s, el simple hecho de salir de ese edificio me dibujaba una sonrisa en el rostro. Llam√© a mi madre, le mostr√© que era hora de despedirme, que pronto me vendr√≠an a buscar para salir de estos d√≠as que manten√≠an mi mente nublada. Imaginaba salir por el pasillo, ver el sol de frente e irme a casa. Imaginaba que la pesadilla se hab√≠a acabado, que pronto podr√≠a abrazar a mi mam√°, a los m√≠os, pero todav√≠a nada de eso estaba escrito en mi historia. 

Me desped√≠ de Francisco, ten√≠a ganas de abrazarlo y agradecerle por los d√≠as que hab√≠amos compartido. Francisco me ense√Ī√≥ varias lecciones y una de ellas fue a no comparar mi presente con mi pasado. La Venezuela que extra√Īaba no exist√≠a, ni volver√≠a a existir. La Venezuela que extra√Īaba solo estaba viva en mi recuerdo, en mi coraz√≥n. Francisco estaba feliz porque me iba del hospital, pero triste a la vez porque se quedaba de nuevo solo.

Termin√© de empacar, me sent√© en la cama que hab√≠a sido testigo de mi resurrecci√≥n y me qued√© mirando la avenida, perplejo, observando como la vida se hab√≠a detenido. Escuchando de fondo las noticias, escuchando como mientras dorm√≠a hab√≠an muerto casi mil personas en un d√≠a. ¡Mil personas! Lo √ļnico que me ven√≠a a la cabeza era el pensamiento recurrente de que una de esas personas pude haber sido yo. No estuviese divagando en este momento, no estuviese viendo por la ventana, no estuvieses leyendo esto.





"Sr. Guill√©n, estamos listo para su traslado", escuch√© en la puerta de la habitaci√≥n. "Bueno, Francisco. Lleg√≥ la hora de despedirnos. Nos vemos en la calle, cuando seamos realmente libres", le coment√© a mi compa√Īero. "Bueno, chaval. Cu√≠date, cu√≠date mucho. ¡Qu√© tengas bonita vida!", me respondi√≥. Un poco antes de eso hab√≠amos almorzado, el pobre estaba de mal humor porque la doctora le hab√≠a dicho que no pod√≠a irse todav√≠a a casa, as√≠ que lo alent√© a comer porque era la √ļltima comida que compartir√≠amos en esa habitaci√≥n de hospital.

Apenas sal√≠ de la habitaci√≥n se me acerc√≥ una enfermera: "¿C√≥mo te sientes?", me pregunt√≥. "Estoy bien, me siento cada vez m√°s fuerte", le respond√≠. "Ahora en el hotel estar√°s m√°s c√≥modo", me dijo mientras me quitaba la v√≠a y todo aquello con lo que me pon√≠an medicaci√≥n. "Gracias, de verdad. Gracias, mil gracias. Estoy vivo gracias a personas tan lindas de coraz√≥n como usted.", le respond√≠. "De nada, hijo. Para eso estamos.", me respondi√≥. Me provocaba abrazarla tambi√©n, pero todav√≠a no era negativo, as√≠ que lo mejor era cuidarme y a la vez cuidarla. Mientras esto suced√≠a escuch√© a una enfermera mayor mencionarle a otra m√°s joven que deber√≠an aplaudirme, que yo la hab√≠a pasado muy mal y que merec√≠a una despedida por todo lo alto. Apenas el camillero vino a buscarme, comenzaron a aplaudir y autom√°ticamente comenc√© a llorar. Hab√≠a imaginado este momento desde que escuch√© los aplausos para la gente mayor que se marchaba. Cuando escuchaba la fiesta en el pasillo, aplaud√≠a desde mi cama, porque la vida era para eso, para celebrarla.

Del Hospital Gregorio Mara√Ī√≥n me trasladaron al Hotel Ayre Col√≥n. Un hotel cuatro estrellas ubicado en la calle del Pez Volador, a pocos minutos del centro de salud. Sal√≠ de la puerta del hospital directo a una ambulancia que se encarg√≥ de mi traslado, caminaba lento, mis piernas ya no eran firmes como antes. Necesitaba paciencia para caminar. Parec√≠a que mientras estaba dormido se me hab√≠a envejecido el alma, que hab√≠a vuelto en el cuerpo de un se√Īor de ochenta a√Īos.

Mis ojos no daban cr√©dito a lo que ve√≠an, estaba despidi√©ndome del hospital que so√Īaba con abandonar. Mientras la ambulancia se preparaba para arrancar, sub√≠ la mirada. No s√© si fue una mala jugada de mi mente o un poco de imaginaci√≥n, pero me desped√≠ de aquel Ostwald que hab√≠a entrado saturando 82 y casi muere en aquella camilla de hospital. Me desped√≠ de aquel Ostwald que durmi√≥ por doce d√≠as y venci√≥ a la muerte. Me desped√≠ de aquel Ostwald que miraba por la ventana todas las noches esperando alg√ļn d√≠a salir de aquella pesadilla.





Entr√© al Hotel Ayre Col√≥n paso a paso, lentamente, accedimos por la puerta de servicio porque all√≠ estaba preparado todo para los pacientes positivos de COVID-19. Sub√≠ por el elevador, llegu√© al piso que me correspond√≠a y me recibi√≥ la enfermera de turno. Me dio la bienvenida, me explic√≥ un poco las reglas que b√°sicamente eran para que no reinara el caos y me coment√≥ que no ten√≠an permitido quedarse hablando mucho en las habitaciones para no contagiarse. Entend√≠a perfectamente. Apenas se despidi√≥ de m√≠, entr√≥ la doctora m√°s amable del planeta. Me explic√≥ el procedimiento para darme el alta, me har√≠an la PCR cada tres d√≠as y al cuarto el resultado. Cuando lograra conseguir el 'NEGATIVO' estaba listo para irme a casa, listo para volver a la vida que hab√≠a dejado en pausa los meses anteriores. Palabras m√°s, palabras menos, ten√≠a que armarme de paciencia para todo el tiempo que pasar√≠a all√≠. 

La habitaci√≥n era grande, c√≥moda. Una habitaci√≥n de hotel parecida a la que me hab√≠a quedado en Ibiza, ten√≠a espacio suficiente para dos personas, as√≠ que autom√°ticamente le pregunt√© a la doctora si esta vez me tocar√≠a compartir. La doctora me indic√≥ que no era necesario, que estar√≠a solo por ahora y si las cifras segu√≠an en aumento, capaz me tocaba un nuevo compa√Īero.

El simple hecho de salir del hospital, me tenía feliz. No me habían tratado mal, más bien todo lo contrario, pero sentía que este era un paso más hacía la recuperación. Un paso más para volver a vivir mi vida.





Me dejaron alistarme, organizar mis cosas y tambi√©n me explicaron que mis familiares podr√≠an traerme lo que quisiera, excepto comida chatarra. Le pregunt√© por mi ordenador y me dieron autorizaci√≥n para tenerlo conmigo, para distraerme. Solo pensaba en todos aquellos correos que hab√≠a dejado de responder, de todas aquellas campa√Īas que hab√≠an quedado en el limbo. ¿Pueden creer que un d√≠a antes de qu√© me hospitalizaran estaba subiendo una campa√Īa a mis redes sociales? Yo hab√≠a estado dormido durante doce d√≠as, mientras el mundo segu√≠a despierto. Hab√≠a deudas que pagar, trabajo con el que ponerse al d√≠a, correos que contestar. Pero todo eso podr√≠a esperar, podr√≠a esperar un poco m√°s.

Luego de toda la introducci√≥n y hablar bastante con la doctora m√°s amable del mundo, se despidi√≥ de m√≠ y me sugiri√≥ llenarme de paciencia. Le sonre√≠, ella se march√≥ y me qued√© completamente solo, admirando la vista de mi habitaci√≥n. Estaba euf√≥rico, as√≠ que me levant√©, camin√© lentamente al ba√Īo y me logr√© ver en el espejo. Lo primero que pens√© fue: 'Estoy vivo. Estoy vivo. ¡Estoy vivo! ¡ESTOY VIVO!' Comenc√© a llorar de la felicidad, comenc√© a tocar mi cara, mis cachetes, mi pecho, mis piernas. Me di cuenta que no era un sue√Īo, realmente estaba ah√≠, presente.

Sal√≠ del ba√Īo, caminando lento, busqu√© mi m√≥vil y llam√© a mi mam√°. Solo recuerdo que le repet√≠a sin cesar 'Mam√°, estoy vivo. Estoy vivo'. Los dos llor√°bamos de la alegr√≠a y as√≠ me di cuenta que estar vivo es realmente un milagro.





Hablé también con German, mi ángel de la guarda que estuvo pendiente de mí en todo momento, le comenté que necesitaba algunas cosas y que si podía que me trajera una que otra chuche. La comida del hospital era buena, pero ya estaba cansado de los mismos sabores.

Al d√≠a siguiente German estaba ah√≠, llev√°ndome al hotel todo lo que le hab√≠a pedido. Nos salud√°bamos desde la ventana, aunque no me ve√≠a √©l levantaba su mano para saludarme y yo tambi√©n lo hac√≠a desde la habitaci√≥n. Al rato me subieron un bolso grande con un mont√≥n de cosas: Chuches, frutas, una maquina para cortarme el cabello, cosas personales y mi port√°til. ¡Por fin! Ahora s√≠ podr√≠a distraerme, ahora s√≠ podr√≠a trabajar. Todo este proceso me hab√≠a ense√Īado las verdaderas prioridades de la vida, me hab√≠a ense√Īado el valor del tiempo de calidad, la importancia de prestarle atenci√≥n a cada momento. Pero el trabajo me distra√≠a, el crear contenido me hac√≠a los d√≠as m√°s cortos, me entreten√≠a.

Ten√≠a mucho trabajo por hacer, muchos correos que contestar, muchos mensajes de personas preocupadas por m√≠, por mi salud. ¿Pero sabes a qu√© trabajo me refiero? Ya no hablo del trabajo remunerado, ahora hablo del trabajo del alma. ¿Desde cu√°ndo no trabajas por enriquecer tu alma? ¿Por sentirte m√°s c√≥modo contigo mismo? Eso sin duda era m√°s importante que miles de patrocinios.

Comenc√© a trabajar mi alma conoci√©ndome, encontr√°ndome, perdon√°ndome. Estas tres palabras fueron claves en todo el proceso. Comenc√© conoci√©ndome, ¿Qui√©n soy? No, no soy un escritor. Ya hablamos de esto, eso es lo que me gusta hacer. ¿Qui√©n soy realmente? Un so√Īador. ¿Y d√≥nde estoy? A lo que mi mente respondi√≥ r√°pidamente: "En el Hotel Ayre Col√≥n". ¡No! ¿D√≥nde estoy realmente? Aqu√≠, ahora. ¿Por qu√© te perdonas? La primera vez que me hice esa pregunta, la soberbia salt√≥ y respondi√≥: "Por nada, no hemos hecho nada mal". Con el paso de los d√≠as me di cuenta que s√≠, que deb√≠a perdonarme por muchas cosas, palabras y acciones que me hab√≠an roto el alma, que me hac√≠an da√Īo y no lo notaba.

Mientras estaba hospedado, mejor dicho hospitalizado en el hotel, recib√≠ muchas muestras de amor. Todos los d√≠as nos entregaban la comida con notitas como: 'Todo va a estar bien'. Parecer√° tonto, pero en un momento donde solo te tienes a ti esas cosas valen demasiado. Un d√≠a me lleg√≥ una carta de una familia que me deseaba pronta recuperaci√≥n, con sus palabras me quebr√© en llanto de agradecimiento. Otro d√≠a me lleg√≥ una carta de un ni√Īo que apenas sab√≠a escribir dese√°ndome 'buena salud' y ese mismo d√≠a recib√≠ todos los dibujos que me hab√≠a hecho mi familia adoptiva en Madrid. Demasiadas emociones juntas. Cuando estaba dormido, todos decidieron hacer dibujos de mis pulmones y escribirle una frase hermosa que hab√≠a mandado mi mam√° desde Venezuela. Nadie sabe esto, pero por las noches cuando me sent√≠a muy solo, abrazaba los dibujos y los imaginaba a todos en mi habitaci√≥n echando cuentos, haci√©ndome re√≠r.





M√°s all√° de la enfermedad, la soledad es muy dura. F√≠sicamente estaba de maravilla, no era un ni√Īo de quince a√Īos, pero estaba de maravilla. Emocionalmente estaba muy abatido, por las noches me quedaba perplejo viendo el techo, esperando alguna respuesta, esperando alguna se√Īal.

Dentro de todas las cosas que me hicieron llegar, también me regalaron un libro, el periodista David Placer, a quien admiro mucho, me hizo llegar su nuevo libro dedicado. En la portada escribió: "Para Ostwald. Espero que lo disfrutes durante tu recuperación." David es un periodista que conozco gracias a las redes sociales, lo sigo desde que estaba en Venezuela y admiro su forma de contar las cosas. David fue una de las personas, que sin conocerme, estuvo muy pendiente de mi salud, de mi evolución. A David le estaré agradecido el resto de mi vida, al igual que a todas esas personas que no conozco pero estuvieron atentos de como evolucionaba.

Los d√≠as en el hotel eran casi siempre lo mismo. Me despertaban para colocarme la heparina antes de desayunar, me pinchaban la barriga y luego la auxiliar me tra√≠a el desayuno. Siempre lo mismo, Nesquik con galletas. Un desayuno divertido cuando tienes cinco a√Īos, pero a esta edad hubiese preferido un desayuno continental. La comida era poca, tuve que conversar con la doctora m√°s amable del mundo para que me dieran doble raci√≥n. Ella entendi√≥ y lo anot√≥ en mi hoja diaria.

Con el paso de los d√≠as las enfermeras me agarraron cari√Īo, en el corto tiempo que nos ve√≠amos, nos cont√°bamos un poco de nuestra vida. Siempre les agradec√≠a, les ped√≠a que se cuidasen mucho, que no pasaran tanto tiempo en mi habitaci√≥n. Todos los d√≠as me tra√≠an ropa limpia de hospital, para cambiarme y un peri√≥dico o revista para distraerme. Cada una de esas enfermeras me recordaba a mi madre, aquella enfermera abnegada, a la que hab√≠a visto como sus pacientes la abrazaban y le agradec√≠an por lo bien que los hab√≠a tratado.

Cada tres días me hacían un PCR, al cuarto me daban el resultado. Los primeros 'Positivos', los recibí con tranquilidad. Fueron pasando los días y comenzaba a esperanzarme, comenzaba a emocionarme por salir, por dormir en mi cama, por terminar con este viaje de introspección de una vez por todas. Pero así no funcionan las cosas, el viaje debía terminarse cuando yo estuviese listo para esta nueva oportunidad que me estaban dando. No eran antes, no era después. El viaje se acabaría en el momento indicado.



En esos d√≠as tambi√©n pasaron cosas tristes, descubr√≠ la verdadera cara de familiares por los que hubiese entregado el alma y un poco m√°s. Me sent√≠ traicionado, pero ese es el mal de dormirte por doce d√≠as, la gente se toma el atrevimiento de decidir por ti o van un poco m√°s all√° y asumen que no vas a despertar. Cuento esto no para mostrarme como v√≠ctima o como 'pobre de m√≠'. Cuento esto porque es parte de la historia y si en alg√ļn momento me falta la memoria, quiero recordarla tal cual sucedi√≥.

El rencor es un hu√©sped no deseado, no bienvenido. Luego de haber perdonado a mi padre por sus incontables faltas, porque casi nunca estuvo, porque el titulo le qued√≥ grande; ya nada podr√≠a quebrarme. Nadie podr√≠a llevarme a ese sentimiento de nuevo, a ese dolor. Por eso todo lo que pas√≥ mientras dorm√≠a, decid√≠ perdonarlo y guardar distancia. Porque en la vida tambi√©n podemos alejarnos de la gente que nos hace da√Īo, as√≠ sea familia.





Las pruebas PCR iban en aumento, ya me hab√≠an realizado diez en total y nada que lleg√°bamos al negativo. En todo este tiempo ya casi hab√≠a pasado un mes, si cont√°bamos desde que llegu√© al hospital eran pr√°cticamente dos meses hospitalizado. Me sent√≠a bien, las enfermeras y doctores me felicitaban porque me portaba a la altura, ten√≠a algunos temas con el men√ļ pero estaba muy adaptado. Entre t√ļ y yo, estaba cansado. M√°s all√° de la enfermedad, de los ejercicios que hac√≠a todos los d√≠as para fortalecer los pulmones, entre los desayunos de galleta y mis meditaciones constantes, estaba cansado de estas cuatros paredes.

Una de las cosas que aprend√≠ al estar en terapia intensiva fue a pedir, a pedir bien. El universo siempre nos est√° escuchando, siempre. √Čl quiere complacernos, darnos aquello que le pedimos, pero tambi√©n nos quiere ver esforz√°ndonos para llegar a la meta. Por eso tenemos que tener mucho cuidado con lo que decimos, el universo no conoce de juegos. Yo hab√≠a jugado, como te cont√© anteriormente, con palabras que jam√°s volver√© a repetir. Hab√≠a llamado tanto a la muerte hasta que un d√≠a apareci√≥ en mi puerta y me invit√≥ a viajar. As√≠ que en todo este tiempo aprend√≠ a pedir, a pedir perfecto, no importa en lo que creas. Al terminar tu meditaci√≥n, tu agradecimiento diario, pide, pide perfecto. No olvides ning√ļn detalle. Cr√©eme, es m√°gico.





Por la tarde me hab√≠an hecho el PCR n√ļmero once, apenas entraba la enfermera con el palito, ya sab√≠a que deb√≠a levantarme, mover la silla hasta una pared y sentarme dejando reposar la cabeza. Era la forma m√°s sencilla de hac√©rmela, as√≠ no me mov√≠a y el procedimiento era m√°s r√°pido.

Por la noche, luego de rezar un rosario con mi mam√° y mi suegra, decid√≠ comenzar a recoger mis cosas. Aunque cada vez que me hab√≠an hecho la prueba, ten√≠a la posibilidad de salir negativo al d√≠a siguiente, esta era la primera vez que me tomaba el atrevimiento de recoger todo lo que ten√≠a. No dejaba de pensar en que a la primera hora de la ma√Īana, me dir√≠an: "Sr. Ostwald su prueba ha salido negativa". Por segundos pensaba que todo pod√≠a ser un juego de mi cerebro, que esa falsa esperanza se me pod√≠a acabar en un dos por tres y si ma√Īana me dec√≠an que segu√≠a positivo, entrar√≠a en un estado de depresi√≥n severo.

Orden√© la ropa que me hab√≠a acompa√Īado por casi dos meses, orden√© las revistas que me hab√≠an regalado y dej√© todo como si me vinieran a recoger a primera hora. Amo fotografiar cada momento, amo hacer una peque√Īa postal que me lleve justo al recuerdo de lo que viv√≠, sin importar si fue bueno o malo. As√≠ que me sent√© en la cama, coloqu√© mi m√≥vil en un espejo y me hice fotos que guardo con todo el sentimiento del mundo. Pas√© horas, fotografi√°ndome, fotografiando cada rinc√≥n de la habitaci√≥n. Cuando termin√© estaba cansado, agotado, era hora de dormir y esperar el veredicto.

Antes de cerrar los ojos, volv√≠ a mirar el techo y ya no se dibujaba ninguna forma. Ya no hab√≠an pesadillas, ya no ten√≠a miedo. Cerr√© los ojos, me conecte con una energ√≠a superior a la que me gusta llamarle Dios y comenc√© a conversar con √©l. En mi mon√≥logo le expliqu√© que ya era hora, que ya hab√≠a entendido la finalidad de este viaje, le rogu√© que me sacara de estas cuatro paredes. ¡Hab√≠a entendido la lecci√≥n! ¡Hab√≠a comprendido porque estaba aqu√≠! Llor√©, llor√© como un ni√Īo y sin darme cuenta, hab√≠a ca√≠do rendido. Por fin, al final de todo este camino, hab√≠a encontrado paz.


Buen día, Sr. Ostwald Guillén. Le llamamos porque el laboratorio nos acaba de enviar el resultado de su prueba PCR realizada el día de ayer...



Atte. Ostwald Guillén







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2 comentarios

  1. Increible Muchad Muchas Gracias por compartirlo he llorado y e sentido cada palabra le doy Gracias a Dios al Universo por darme la oportunidad de leerte Dios te Bendiga y Bienvenido a la Vida Bela! Esperare el pr√≥ximo cap√≠tulo! ūüíęūüôŹūüíę

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  2. Excelente relato, millones de bendiciones

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