[Cuento] El ni帽o que dibujaba gatos





Hace mucho, mucho tiempo, en una peque帽a aldea japonesa, viv铆a un campesino muy pobre con su esposa y sus cuatro hijos.

El hijo mayor era sano y fuerte, y ayudaba a su padre en la siembra y en la cosecha del arroz. Las dos hijas trabajaban con su madre en la casa y en el jard铆n. Todos estaban acostumbrados a trabajar duro desde muy temprana edad.

Sin embargo, el hijo m谩s joven, aunque era muy listo, era peque帽o y d茅bil y no pod铆a trabajar en los campos de arroz con su padre y su hermano mayor.

Un d铆a, los padres hablaron sobre el futuro de su hijo menor, porque sab铆an que nunca podr铆a ser agricultor.

-Nuestro hijo peque帽o es muy inteligente. Tal vez, si lo enviamos como alumno del anciano sacerdote del templo pueda serle de ayuda.-propuso la madre.

Tambi茅n el padre pens贸 que la sabidur铆a de su joven hijo podr铆a ser 煤til en el templo. As铆 que se dirigieron all铆 y preguntaron al sacerdote si estaba dispuesto a tomar a su hijo menor como alumno.

El sacerdote le plante贸 al muchacho preguntas muy complicadas. Sorprendido por su sabidur铆a y por las respuestas inteligentes que recibi贸, estuvo de acuerdo en tomarlo como alumno a condici贸n de que lo obedeciera en todo.

Aunque verdaderamente el muchacho se esforz贸 por obedecer y aprendi贸 con el anciano sacerdote muchas cosas, hab铆a un problema: cuando se quedaba solo para estudiar, en lugar de estudiar pintaba gatos. Y ni siquiera el deseo que ten铆a de ser un buen alumno, lo ayud贸 a solucionar este problema, porque en el fondo de su coraz贸n era un artista.

Pintaba gatos grandes y gatos peque帽os, gatos gordos y gatos flacos, gatos altos y gatos bajos, gatos mansos y gatos salvajes. Los pintaba en sus cuadernos de estudio y en el suelo, y en las paredes y, lo que era peor, pintaba gatos en los grandes biombos de papel del templo.

El anciano sacerdote estaba muy enojado, y le explic贸 que dibujar gatos en lugar de estudiar era algo que no deb铆a hacer, pero no sirvi贸 de nada.

Un d铆a, el sacerdote, que estaba cada d铆a m谩s triste, porque el joven segu铆a dibujando gatos en lugar de estudiar, le orden贸:

-Empaca tus cosas y m谩rchate a tu casa. Un alumno siempre debe escuchar la voz de su maestro y t煤 no me escuchas.

Despu茅s, le dio su 煤ltimo consejo:

-Gu谩rdate de los lugares grandes por la noche. Permanece en los lugares peque帽os.

Dicho esto, regres贸 a su habitaci贸n y cerr贸 la puerta.

El muchacho no entendi贸 qu茅 quer铆a decir el sacerdote con aquello y temi贸 ir a pedirle una explicaci贸n.

Mientras empaquetaba sus cosas iba pensando:

-Si regreso a casa, mis padres se enfadar谩n conmigo y me castigar谩n. Tal vez sea preferible que vaya a una gran ciudad y all铆, en alguno de los templos, quiz谩 pueda seguir estudiando.

Abandon贸 la aldea y se dirigi贸 a la ciudad caminando sin prisa, disfrutando del viaje, observando las flores y las mariposas.

Al llegar a la ciudad, se dirigi贸 al templo principal. Ya hab铆a oscurecido y todo el mundo dorm铆a, as铆 que no hubo nadie que le dijera que un duende maligno controlaba aquel lugar y hab铆a expulsado de all铆 a todos los sacerdotes y a todos los alumnos. Nadie que le dijera que muchos soldados hab铆an intentado desalojar al duende sin 茅xito.

Despu茅s de llamar una y otra vez sin obtener respuesta, empuj贸 la puerta y esta se abri贸. El chico entr贸 y grit贸:

-¿Hay alguien aqu铆?

Nadie contest贸.

Vio luz cerca de una de las puertas, se dirigi贸 hacia all铆 y se sent贸 para esperar a que saliera alg煤n sacerdote.

El duende siempre manten铆a una peque帽a luz encendida con el fin de atraer a la gente durante la noche y com茅rsela. Pero el muchacho, naturalmente, no sab铆a esto.

Mientras esperaba, se dio cuenta de que todo estaba descuidado y sucio. Pensaba en que, sin duda, se necesitar铆an muchos estudiantes para limpiar aquello, cuando vio un escritorio. En sus cajones encontr贸 papel, plumas y tinta. Y, por supuesto, inmediatamente empez贸 a dibujar gatos.

Termin贸 todo el papel, pero continu贸 pintando en el suelo, y despu茅s en los enormes biombos del templo hasta que todo estuvo lleno de dibujos de gatos. Entonces, se sinti贸 muy cansado y quiso reposar, pero record贸 el consejo del viejo sacerdote:

-Gu谩rdate de los lugares grandes por la noche. Permanece en los lugares peque帽os.

Y aquel templo, en efecto, era muy grande.

Se puso a buscar y encontr贸 un armario muy amplio, entr贸 en 茅l, apoy贸 la cabeza sobre su hatillo y se durmi贸.

A medianoche, lo despert贸 un espantoso gemido. Oy贸 carreras, gru帽idos y tremendos golpes. Se asom贸 con cautela, pero no vio nada en medio de la oscuridad, as铆 que volvi贸 a cerrar la puerta y sigui贸 durmiendo hasta que se hizo de d铆a.

A la ma帽ana siguiente, al abrir el armario, vio al duende tendido en el suelo, muerto.

-Un duende… ¿Qui茅n lo habr谩 matado? -se pregunt贸.

Al mirar a su alrededor, se fij贸 en que las bocas de todos los gatos que hab铆a pintado estaban manchadas de rojo y comprendi贸 que hab铆an sido los gatos los que hab铆an matado al duende. Entonces, tambi茅n entendi贸 las palabras del viejo sacerdote:

-Gu谩rdate de los lugares grandes por la noche. Permanece en los lugares peque帽os.

Cuando la gente de la ciudad se enter贸 de que el duende hab铆a sido por fin vencido, declararon al muchacho h茅roe.

Los soldados se encargaron de retirar el cad谩ver del templo y los sacerdotes pudieron regresar a 茅l. Deseaban que el muchacho se quedara con ellos como alumno, pero 茅l decidi贸 otra cosa: ya no quer铆a ser sacerdote, quer铆a ser artista.

A partir de entonces, sus dibujos de gatos se hicieron famosos en todo el mundo. Es posible que, alguna vez, tambi茅n vosotros ve谩is alguno de los que dibuj贸.



FIN 



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