[Escritos] Ella y él.








Como padre tuvo un dios poderoso y como madre, una mujer humilde; muy hermosa pero apenas tenía dinero para comer. Él era dueño del universo y sus alrededores. Casi nada, en realidad. 



Una tarde, paseando por la tierra vio a esta bella mujer y dicen que ella le robó el alma con una sonrisa. Él quedó enamorado y de su fruto nació ella. Su madre la abandonó, pensó que sería una abominación. Sabía que era un error natural. La dejó en una plaza cercana. Allí, ella fue creciendo. Sola, plena, fuerte y brillante como su padre. Hermosa, blanca como la nieve y de cabello oscuro como su madre. Todo el que la conociese quería enamorarla, la veían distante, silenciosa, plena, observadora. De pequeña muchos intentaron violarla. Ella no sabía si su belleza era una maldición o una bendición. 



Al paso del tiempo, se convirtió en una mujer. Aprendió a leer con unas monjitas y vivía enamorada de los libros. Un día, un joven que se la pasaba en la misma plaza que ella, la comenzó a cortejar. Él era hijo de una diosa y un mortal. Nadie lo sabía. Su cabello era rubio, sus ojos azules como el mar, tenía un temperamento fuerte pero con ella todo era diferente. Vivían uno al lado del otro, amándose, contándose los lunares, las pecas, besándose sin parar. El único defecto de esta relación, es que ella dormía de día y vivía de noche. Él, todo lo contrario. Así pasaron los años divertidos y llegaron las inseguridades, los celos, las mentiras y las peleas. Muchos cuentan que él la engañó y tanto fue el desamor, que terminó en la calle. Adicta al vodka y al cigarro. El temperamento de él empeoró con el tiempo, un día podía amanecer molesto llevándose a todos por el medio y otro triste, con lágrimas en sus nubes. 



Ella entendió que lo de ellos no funcionaba. De hecho,  iba más allá de sus peleas. Ambos eran totalmente diferentes. Algunos astrólogos dicen que ella se mudó a otro universo. Los geólogos dicen que se adentró tanto en la tierra que cada vez que recuerda aquel lamentable episodio, ocurren los terremotos. Los indios creen que vive dentro del volcán más grande del mundo llamado Mauna Loa y que muy pronto despertará acabando así con la civilización. 



Los sabios dicen que el día que lo encontró con otra, agarró sus cosas y partió lejos. Muy lejos. Otros aseguran que de tanto llorar y lamentarse, se convirtió en un satélite natural y que desde allí nos vigila todas las noches. Algunas veces tranquila y otras no tanto, pagando toda su rabia con el mar y dejando que todos los hombres la observemos. Plena, blanca, inalcanzable. Su nombre es Luna y el de su amante Sol. Amores eternos, repletos de pasión pero imposibles al mismo tiempo. ¡Qué ironía! 



Algunas noches comenzará triste su vigilia, otras se cambiará el peinado o el vestido. Habrá veces que ni saldrá. Solo ella sabe porqué decidió no volver amar, solo ella sabe porque prefirió la soledad por el resto de la eternidad. 


¡Maldito desamor!


Atte. Ostwald J. Guillén

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